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Entrevista
10 de mayo de 2017

“Sin las Putas no hay feminismo”

Entrevista a Nadia Karenina, Trabajadora Sexual y estudiante de Diseño de Imagen y Sonido en la UBA. Nadia milita por los derechos de las Putas en Ammar y FUERTSA y por los derechos de los animales en Animal Libre.

¿Cuándo y cómo decidiste ejercer el Trabajo Sexual?

Hacía tiempo que venía con varias crisis laborales. Los trabajos que tuve anteriormente eran muy mal remunerados y no me dejaban tiempo para poder enfocarme en mi carrera, en el activismo y en las actividades que me hacen bien. Por otro lado, siempre sentí atracción por este mundo y fantaseaba con la idea de formar parte. Las trabajadoras sexuales en la historia de la humanidad siempre me despertaron muchísima curiosidad.

Me decidí a empezar a trabajar luego de haber hablado con mi psicóloga, quien indagaba mucho sobre mi vida sexual buscando de algún modo que yo me sintiera mal por vivirla libremente, y dije en voz alta: "Que tonta, debería empezar a cobrar". Ella asintió como burlándose de mi y la siguiente semana dejé terapia y me hice un perfil de trabajo.

¿Qué sentido tiene para ti tu trabajo?

Mi trabajo es el medio por el cual tengo ingresos para hacer las cosas que me gustan. No me interesa glorificar el trabajo sexual sino que pueda reconocerse como un trabajo más y gozar de los mismos derechos que tienen los trabajadores de cualquier rubro. Así como antes era peluquera y daba clases de inglés para poder atender a mis intereses fuera de lo laboral y poder subsistir. Hoy es algo que elijo y elegiré hasta que ya no tenga los mismos intereses, como me ha pasado con otros trabajos también.

¿Cómo ha sido tu experiencia como Trabajadora Sexual?

Antes de ser trabajadora sexual, tenía una idea bastante prefabricada de lo que era ser una puta en Argentina. Pensaba que la mayoría de los clientes no tenían conciencia sobre el contexto de las personas que brindan servicios sexuales, que eran violentos y que iban a pretender pasar por encima de las condiciones laborales pautadas, que para ser puta había que responder a cierto modelo de belleza, que era difícil manejarse de un modo independiente, entre otras cosas. Muy por el contrario, me encontré con personas bastante más necesitadas de alguien que los escuchara, personas con fantasías que a mi me entusiasman, mujeres cis y cuerpos no binarios queriendo contratar mis servicios, modalidades de trabajo muy distintas entre sí, gente que se preocupa por vos y te tiene cariño. Si bien el trabajo sexual es sexual (y trabajo por sobre todas las cosas), muchas veces la sexualidad pasa por el vínculo que se genera en el tiempo acordado, el entenderse con el otro, el respeto mutuo.

Mi experiencia como trabajadora sexual es en grandes rasgos positiva, las pocas veces que tuve momentos incómodos no me pasaron por elegir ser puta sino por ser mujer, como que alguien se rehusara a no utilizar preservativo y tener que ser firme para que te respeten, o haberme cruzado con personas obsesivas. Las distintas formas de violencia que viví se dieron en ámbitos no laborales y por parte de personas cercanas a mi entorno, y lo lamentable es acostumbrarse a esas violencias.

¿Qué vivencias destacás?

A mi me gusta mucho escribir, y lo que tiene este trabajo es que me permite conocer a muchas personas de un modo más íntimo que en otros contextos tal vez no podría hacer. Lo que más me fascina es conocer las fantasías del otro y poder ponerle un precio. Muchas veces no están ligadas a algo puramente sexual, pero que a la persona sí la erotiza. Por ejemplo, me ha pasado que un señor extranjero me pagara para patearle las bolas, otro que me hizo cosquillas con distintos elementos para que yo me riera, uno que eligió verme para bañarme y secarme, parejas que me buscan para concretar un trío, o personas que sólo tienen interés en mantener una charla conmigo estando recostados.

¿Qué otros intereses tienes por fuera de tu trabajo?

Además de puta, estoy terminando la carrera de Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, en la que presenté una tesis que es un cortometraje animado. Me interesa mucho el cine, muy puntualmente la animación, la ciencia ficción y el porno como realizadora. Soy activista en una organización de derechos animales llamada Animal Libre Argentina, también practico kung fu, dibujo y escribo cuando tengo tiempo, canto todo lo que puedo porque es una de las cosas que más disfruto. Me interesa mucho viajar en un futuro cercano y tener la oportunidad de trabajar como realizadora audiovisual en otros países.

¿Qué vínculos haces entre el trabajo sexual y el feminismo?

Antes de ser trabajadora sexual ya estaba familiarizada con los distintos feminismos. Yo soy partidaria de que dentro de los feminismos siempre debe prevalecer el respeto por las decisiones de las demás personas mientras no perjudiquen a terceros. Así como una persona debe tener el derecho a decidir sobre su cuerpo si no quiere continuar con un embarazo no deseado, tanto como si una persona no ve representada su identidad de género en su dni ni en su aspecto físico, nadie debería venir a decirnos a quienes elegimos el trabajo sexual para nuestra vida que lo que hacemos no es trabajo ni a negarnos el derecho de ejercerlo en las mejores condiciones posibles. Se habla mucho de sororidad, pero si no existe tal empatía hacia quienes se nos niega la palabra infantilizando nuestras vivencias y elecciones personales, a quienes se nos busca invisibilizar mezclando trata de personas con trabajo sexual, a quienes se nos acusa de víctimas en un tono paternalista o de proxenetas dependiendo cómo les pinte en el momento señalarnos con el dedo, entonces la palabra queda como una idea utópica, no viable y obsoleta. El feminismo debe ser inclusivo y contemplar las necesidades de todxs, y sin las putas no hay tal feminismo.

¿Qué lugar ocupa la militancia en tu vida?

Al mes o dos de haber empezado a trabajar, me acerqué por primera vez a una charla de AMMAR. Con el tiempo comencé a participar de un modo un poco más activo, en los momentos que pudiera, porque me parece necesario que las putas nos organicemos para protegernos y para reclamar nuestros derechos. Cada vez que una puta logra visibilizarse como tal y alzar su voz, aunque parezca poco, es un enorme paso para ir derribando prejuicios y estigmas arraigados por la cultura que mamamos desde la cuna, una cultura que está en deuda con las putas y que necesita reeducarse para vivir en un mudo cada vez más justo. Me parece muy importante como individuo social poder aprovechar los espacios para hablar de temas como este, que de a poco van entrando en la agenda política y en la conciencia colectiva, para que así, el día de mañana nos parezca realmente ridículo mirar para atrás y recordar que las putas no tenemos derechos laborales.

¿Qué es el estigma? ¿Cómo afecta a las trabajadoras sexuales?

El estigma que vivimos las trabajadoras sexuales parte de la mirada prejuiciosa que tienen ciertos sectores sobre quienes elegimos esto. Dentro de lo más cercano, el estigma que más se vive está en la institución familiar, que es generalmente la que más sufrimos ya que es difícil hablar con nuestra familia sobre nuestro trabajo por miedo al rechazo o a que no nos quieran. A muchas trabajadoras les pasa que cuando su familia se entera de que son putas las echan de su casa, las marginan, las violentan, las humillan. También habría que cuestionar por qué es la institución que más peso tiene y la que más nos afecta. Después está el estigma que perpetúan las posturas abolicionistas, que justamente buscan la abolición de nuestro trabajo sin considerar las necesidades a las que nos enfrentamos, escudándose en un discurso anti trata, pero que lejos de salvar a personas que son verdaderas víctimas de trata y de explotación, terminan afectando negativamente a las putas.

¿Cómo repercute la postura anti trabajo sexual sobre vos y tus compañerxs?

Todas las putas trabajamos con distintas modalidades. Yo trabajo mediante redes sociales, publico en páginas y lxs clientes se contactan conmigo para que les de más información sobre mi servicio. Pero también hay quienes trabajan en su departamento, en la calle, en privados, en hoteles, desde la virtualidad como camers, entre otros. Cada modalidad de trabajo se ve afectada por el abolicionismo de diversas maneras. Tengamos en cuenta que el abolicionismo implica mantener en la clandestinidad nuestro trabajo y por ende no poder gozar de derechos básicos como lo es trabajar libremente.

A las que trabajamos por redes sociales nos cierran las cuentas constantemente, quienes no salieron del closet del trabajo sexual deben cuidar su identidad para que su entorno no se entere si se filtran imágenes (me ha pasado que una persona le enviara mi página de trabajo a mi mamá por ejemplo), las que trabajan en la calle deben pagar coimas a la policía para poder seguir trabajando sin que las molesten o directamente son perseguidas y llevadas presas, las que trabajan en departamentos viven allanamientos por parte de denuncias de trata y el hecho de tener preservativos en el lugar puede ser utilizado como prueba para afirmar que en la locación habían víctimas, que luego son anotadas como tales cuando lo que hay son personas queriendo trabajar en paz.

Para concluir, la postura anti trabajo sexual nos repercute en la manera en la que trabajar en la clandestinidad nos convierte en ciudadanos sin derechos y en un sector vulnerable de la sociedad.

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